top of page
Buscar

Confuyo.

  • Natalia Ulloa
  • 8 sept 2016
  • 1 Min. de lectura

Yo nunca había hablado conmigo, ni había tenido intimidad ninguna con mi persona, ni el más mínimo asomo de solipsismo melancólico. No sentía piedad, ni autocompasión, ni me había visto, ni me saludaba, ni tan siquiera me tocaba porque yo no tenía nada que ver conmigo mismo, me ignoraba olímpicamente. ¿Cómo me pudieron acusar de aquel asesinato cometido durante la confusa luz de la vigilia, si yo no era yo?


 
 
 
Featured Posts
Recent Posts
Search By Tags
Follow Us
  • Facebook Classic
  • Twitter Classic
  • Google Classic
bottom of page